México rompe récord de inversión extranjera directa
México volvió a marcar una cifra histórica en inversión extranjera directa (IED): en 2025 ingresaron 40 mil 871 millones de dólares, el monto anual más alto del que se tiene registro en el país. Este flujo implicó un crecimiento de 10.8 por ciento respecto a la cifra originalmente publicada para 2024 y consolidó cinco años consecutivos de aumento en la llegada de capital productivo.
De acuerdo con la Secretaría de Economía, la mayor parte de la IED provino de la reinversión de utilidades de empresas ya instaladas, que aportó cerca de dos tercios del total, mientras que las nuevas inversiones representaron alrededor de 18 por ciento y crecieron más de 130 por ciento anual al alcanzar 7 mil 378 millones de dólares. Las cuentas entre compañías aportaron el resto, con poco más de 5 mil 800 millones y un incremento cercano a 17 por ciento frente al año previo.
Por origen, Estados Unidos se mantuvo como el principal socio, con 15 mil 877 millones de dólares, equivalente a casi 39 por ciento de toda la IED que llegó al país en 2025. A nivel interno, la Ciudad de México encabezó la captación con 22 mil 381 millones de dólares, seguida de Nuevo León y el Estado de México; en conjunto, las cinco entidades con más recursos concentraron poco más de 80 por ciento del total nacional.
Aunque el año cerró con récord, los datos muestran que en el cuarto trimestre se registró un flujo negativo de alrededor de 5 mil millones de dólares, asociado al pago de dividendos y movimientos financieros con filiales, ajuste que fue compensado por nuevas notificaciones de inversión realizadas durante los primeros tres trimestres. La Secretaría de Economía subrayó que estas cifras son las notificadas ante el Registro Nacional de Inversiones Extranjeras y pueden actualizarse posteriormente, sin modificar la tendencia general al alza.
Este desempeño coloca a México como uno de los destinos más relevantes para la IED en el mundo en un contexto donde, a nivel global, los flujos hacia economías en desarrollo mostraron caídas o estancamiento durante 2025, de acuerdo con estimaciones internacionales. El repunte se relaciona con el fenómeno de relocalización de cadenas productivas, la estabilidad macroeconómica y la ampliación de capacidades industriales en sectores estratégicos como manufactura, automotriz, electrónico y servicios de alta tecnología.
Análisis 4T
El nuevo récord de inversión extranjera directa confirma que un proyecto de transformación con estabilidad macroeconómica, combate a la corrupción y mejora del salario real no espanta al capital, sino que genera condiciones de confianza más sólidas que las del viejo régimen. La confianza que hoy muestran las empresas para reinvertir utilidades en territorio nacional está ligada a un entorno de certeza jurídica, disciplina fiscal y fortalecimiento del mercado interno a través de programas sociales y aumentos salariales, elementos centrales de la llamada economía moral.
Sin embargo, la concentración geográfica de la IED en unos cuantos estados evidencia que el reto de la 4T no es sólo atraer capital, sino orientarlo estratégicamente para equilibrar el desarrollo regional, impulsar encadenamientos productivos y evitar que las ganancias se queden en enclaves privilegiados. La soberanía económica no se reduce a contabilizar dólares que entran, sino a asegurar que esas inversiones estén alineadas con el interés público: transferencia tecnológica, empleos bien pagados, respeto a derechos laborales y ambientales, y participación del Estado en sectores estratégicos.
Frente al enfoque neoliberal que entregó infraestructura y recursos al capital extranjero sin exigirle compromisos con el desarrollo nacional, la 4T tiene la oportunidad de demostrar que es posible combinar apertura con rectoría estatal, poniendo límites claros a la especulación y privilegiando proyectos de largo plazo que fortalezcan la capacidad productiva del país. El récord de 2025 es una buena noticia, pero su verdadero sentido histórico dependerá de si esos 40 mil 871 millones de dólares se traducen en bienestar tangible para las y los trabajadores, y no sólo en mayores utilidades para corporaciones trasnacionales.
