CIA financió grupos de derecha antes de Tlatelolco
Documentos desclasificados y analizados por el National Security Archive revelan que la CIA financió a agrupaciones estudiantiles de derecha en México, infiltró organizaciones universitarias y mantuvo vínculos con mandos del gobierno mexicano en los años previos a la matanza de Tlatelolco. A 58 años de los hechos, la agencia estadounidense sigue reservando partes sustanciales de esa historia.
Según los archivos, la CIA operó al menos cinco proyectos durante dos décadas para influir sobre el liderazgo estudiantil en universidades mexicanas y para incidir en espacios como el PRI, la FNET y cuadros del Instituto Politécnico Nacional. Los investigadores Claire Dorfman y Arturo Jiménez-Bacardí advierten que, en el mejor de los casos, la agencia ayudó a polarizar la política estudiantil; en el peor, pudo haber jugado un papel más directo en la violencia de 1968.
Operación política
Los documentos señalan que la CIA apoyó al Movimiento Universitario de Renovadora Orientación, MURO, desde la década de 1960, y que usó al Instituto de Investigaciones Sociales y Económicas como fachada para difundir propaganda anticomunista, publicar materiales y entregar nombres de miles de militantes de izquierda. También aparecen referencias a otras claves de operación como LIHUFF, LICOAX, LIMIX, LIAGOG y LINOODLE.
Una parte recientemente desclasificada muestra que dentro del propio gobierno estadounidense había dudas sobre seguir financiando al MURO. En 1967, incluso el embajador de Estados Unidos en México y evaluadores de la propia CIA cuestionaron el costo político de empoderar a grupos violentos que, según sus propios reportes, contribuían a radicalizar y polarizar el ambiente universitario.
Vínculos con seguridad
El expediente también apunta a relaciones con Fernando Gutiérrez Barrios y Miguel Nazar Haro, figuras centrales de la Dirección Federal de Seguridad. De acuerdo con los documentos, la CIA incluso habría financiado en 1965 la capacitación de Nazar Haro en la Academia Internacional de Policía, y más tarde trabajó con él y con Gutiérrez Barrios en maniobras de inteligencia y movilización política.
Los investigadores sostienen que Nazar Haro encabezó después un grupo de agentes dedicado a recopilar inteligencia sobre comunistas, exiliados cubanos, troskistas y organizaciones culturales vinculadas al bloque soviético. Sin embargo, los detalles sobre su participación en operaciones clandestinas contra estudiantes antes de Tlatelolco siguen parcialmente censurados.
Impunidad documental
El National Security Archive exigió que la CIA publique una versión completa y sin censura de su historia de actividades en México. La demanda cobra peso porque, aun con décadas de desclasificaciones parciales, siguen ocultas páginas enteras sobre operaciones que antecedieron y acompañaron la represión estudiantil de 1968.
En el fondo, lo que revelan estos archivos es que la violencia de Tlatelolco no puede entenderse solo como una decisión interna del Estado mexicano, sino como parte de una trama de Guerra Fría, intervención, espionaje y control político.
Análisis 4T
La nueva documentación confirma que la soberanía nacional fue vulnerada desde dentro y desde fuera por una lógica de contrainsurgencia que usó a México como tablero de disputa ideológica.
Para una mirada de la 4T, el caso recuerda que la verdad histórica no debe quedar secuestrada por gobiernos ni por agencias de inteligencia: conocer quién financió, infiltró y manipuló es indispensable para que no se repitan las viejas prácticas del régimen autoritario.
Tlatelolco sigue siendo una herida abierta porque no solo mostró la brutalidad del poder, sino también la manera en que los intereses geopolíticos pueden actuar sobre la vida política mexicana cuando el Estado se subordina a agendas ajenas.
