“Nadie le compra más a EU que México”: así responde el Gobierno de Sheinbaum a Trump
El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, subraya el peso de México como principal cliente de la economía estadounidense y defiende la estrategia de negociación del T-MEC frente a las declaraciones de Donald Trump.
El titular de la Secretaría de Economía afirmó que México es el “cliente número uno” de Estados Unidos y que ese dato ha sido central en las conversaciones con Washington para la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).
“Somos su cliente número uno (…) Vamos a ver qué sucede en los próximos meses, pero hoy por hoy, estamos bien”, dijo Ebrard, quien ha encabezado las negociaciones con las autoridades comerciales estadounidenses.
Previamente, el presidente Donald Trump volvió a minimizar la importancia del T-MEC, al afirmar que el tratado “no es importante” para su país. “México nos necesita, Canadá nos necesita. Nosotros no los necesitamos”, dijo, en un intento por proyectar fuerza en la negociación.
El acuerdo, firmado en 2018 y vigente desde 2020, tiene una duración prevista hasta 2036, sujeto a revisiones anuales. El 1 de julio, a pesar de que Canadá y México respaldaban la renovación del tratado en su formato actual, Washington se negó a apoyar la prórroga tal como está, lo que abrió una nueva fase de tensión comercial.
Análisis 4T
La respuesta del Gobierno de Sheinbaum pone el foco en la realidad económica: México no es un socio subordinado, sino el principal comprador de productos estadounidenses, con una relación de interdependencia que Washington no puede ignorar sin costos políticos y empresariales.
Frente a la retórica Trump de “nosotros no los necesitamos”, la postura mexicana apuesta por datos duros y por una negociación que defienda intereses nacionales, sin caer en sumisión ni en bravuconería. En clave de soberanía, se trata de negociar desde la fortaleza de la integración productiva y del mercado interno, no desde la súplica.
El episodio también refleja la disputa entre dos visiones: un nacionalismo agresivo y unilateral en Washington frente a un proyecto mexicano que busca preservar la estabilidad comercial, proteger el empleo y mantener margen de maniobra frente a presiones externas. La ruta de la 4T, en este tablero, es clara: T-MEC sí, pero en términos que beneficien a México y no a caprichos de una administración que ve el tratado como herramienta de presión política.
