T-MEC funciona como escudo de México ante aranceles estadounidenses
El Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) se ha convertido en el principal mecanismo de defensa de México frente a las nuevas tarifas arancelarias impuestas por Washington. A pesar de los gravámenes establecidos por Estados Unidos a más de 60 países, México ha logrado evadir estos costos gracias a las protecciones que otorga el acuerdo trilateral.
Recientemente, la administración estadounidense estableció aranceles de entre 10% y 12,5% a las importaciones procedentes de diversas naciones, bajo el argumento de que los productos fueron elaborados con supuesto trabajo forzado. Sin embargo, México ha mantenido su comercio con Estados Unidos en crecimiento: en mayo, el intercambio comercial con su vecino del norte aumentó 7,7% anual, y en junio las exportaciones mexicanas crecieron 34,4% interanual, alcanzando un valor superior a los 72 mil 551 millones de dólares.
El subsecretario de Comercio Exterior de la Secretaría de Economía, Luis Rosendo Gutiérrez, afirmó que la mayor ventaja de México frente a otras naciones es precisamente el T-MEC, que lo blinda de cualquier tipo de gravamen siempre que se cumplan las reglas de origen. Esta postura fue respaldada por Alejo Czerwonko, director de inversiones para mercados emergentes de UBS, quien señaló que el acuerdo tripartito «sigue siendo la ventaja competitiva clave» de México, al ser el único país con un tratado que protege sus bienes de aranceles adicionales.
Cómo opera la protección del T-MEC
El mecanismo de protección radica en las reglas de origen establecidas en el Capítulo 4 del tratado. Estas normas determinan qué productos califican como originarios de la región de América del Norte y, por tanto, pueden beneficiarse de aranceles preferenciales, generalmente del 0%. Para cumplir con estas reglas, los productos deben satisfacer al menos uno de cuatro criterios:
- Totalmente obtenido: productos extraídos, cultivados o cosechados completamente en territorio del T-MEC.
- Cambio arancelario: transformación sustancial que modifica la clasificación arancelaria del bien.
- Contenido de valor regional (RVC): entre 60% y 75% del valor del producto debe generarse dentro de la región.
- Reglas específicas: disposiciones particulares por sector, como automotriz, textil o electrónico.
De acuerdo con la Secretaría de Economía, alrededor del 85% del volumen exportado a Estados Unidos cumple con las reglas de origen del T-MEC y, por tanto, queda exento de aranceles adicionales. Entre febrero de 2025 y diciembre de 2025, el porcentaje de exportaciones mexicanas que cumplían con estas reglas aumentó de 48,6% a 75,1%, lo que refleja un esfuerzo de reorganización de las cadenas de suministro para maximizar los beneficios del tratado.
Renegociación en horizonte
La decisión de Estados Unidos de no extender automáticamente el T-MEC por 16 años adicionales no implica la ruptura del acuerdo, sino el inicio de un proceso de revisión y renegociación prolongada. El tratado seguirá vigente al menos hasta 2036, pero las revisiones anuales permitirán a Washington presionar por cambios en sectores estratégicos.
Análisis 4T
El T-MEC representa un arma de doble filo: por un lado, funciona como un escudo temporal frente a la política arancelaria agresiva de Estados Unidos; por otro, evidencia la vulnerabilidad de una economía que depende en más del 80% de sus exportaciones a un solo mercado. La protección que ofrece el tratado es real, pero condicional: México sólo se beneficia si sus productos cumplen con reglas de origen diseñadas para favorecer la integración productiva norteamericana bajo términos que, en última instancia, responden a intereses estratégicos de Washington.
Desde la visión de la Cuarta Transformación, el reto es claro: el T-MEC debe ser una plataforma para fortalecer la soberanía productiva, no un techo que limite el desarrollo de un mercado interno robusto y de relaciones comerciales diversificadas. La dependencia excesiva de Estados Unidos deja a México expuesto a decisiones unilaterales que pueden revertir avances en cualquier momento. La verdadera independencia económica no se logra con tratados que nos atan a un solo socio, sino con una estrategia industrial nacional que reduzca la vulnerabilidad externa y posicione a México como un actor con capacidad de negociación en múltiples frentes.
La renegociación del T-MEC en los próximos años será una prueba de fuego para la política exterior y económica del país. El gobierno federal debe evitar ceder a presiones que erosionen ganancias laborales, ambientales o de contenido nacional, y en su lugar aprovechar el nearshoring para construir capacidades productivas propias que trasciendan el ensamblaje y la maquila.
