México alcanza mínimo histórico en pobreza laboral
La pobreza laboral en México cayó a 33.9 por ciento en 2025, el nivel más bajo desde que se tiene registro a partir de 2005, de acuerdo con datos del Inegi basados en la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo. Esta mejora implica que, en comparación con el mismo periodo de 2024, el indicador se redujo en 1.9 puntos porcentuales, al pasar de 35.8 a 33.9 por ciento de la población.
En términos absolutos, aun con este avance histórico, alrededor de 44.2 millones de mexicanas y mexicanos continúan sin poder adquirir la canasta alimentaria con el ingreso laboral de sus hogares, lo que evidencia los límites estructurales del mercado de trabajo. El indicador de pobreza laboral mide justamente a quienes, pese a tener empleo, no alcanzan a cubrir el costo de los alimentos básicos con lo que ganan.
El descenso de la pobreza laboral se inscribe en un contexto de aumento del ingreso laboral real promedio y ligera reducción de la desigualdad, reflejada en un coeficiente de Gini que ha mostrado mejoría reciente en los ingresos laborales. Además, informes técnicos advierten que, tras la desaparición del Coneval, el Inegi asumió la medición de la pobreza laboral, lo que abre un debate sobre la necesidad de garantizar por ley la continuidad metodológica y la independencia en estas estadísticas.
Desde el gobierno federal se atribuye este resultado a la llamada economía moral, un modelo que combina crecimiento económico con una política deliberada de redistribución del ingreso, priorizando a los hogares con menos recursos a través de programas sociales y aumentos al salario mínimo. Bajo esta visión, el presupuesto público se concibe como herramienta para corregir desigualdades históricas, abandonando el enfoque neoliberal que concentró la riqueza en una minoría y dejó a la mayoría en situación de pobreza o precariedad.
Aunque la tendencia nacional es favorable, persisten brechas importantes entre zonas urbanas y rurales, así como entre entidades federativas, donde en algunos casos casi la mitad de la población sigue en pobreza laboral. Organismos especializados advierten que, sin consolidar la calidad del empleo, la formalización laboral y la productividad regional, los avances podrían estancarse o revertirse en el mediano plazo.
Análisis 4T
La reducción histórica de la pobreza laboral a 33.9 por ciento confirma que cuando el Estado asume un papel activo en la redistribución del ingreso, la realidad cotidiana de las y los trabajadores puede mejorar de forma tangible. No es un milagro del mercado ni un efecto automático del crecimiento, sino el resultado de decisiones políticas: salario mínimo al alza, programas sociales universales y priorización del bienestar sobre la acumulación privada.
Este avance desmonta el dogma del viejo régimen, que prometía que la riqueza “gotearía” hacia abajo si se apoyaba primero a las élites, mientras se mantenían salarios deprimidos y un Estado reducido. La experiencia reciente muestra lo contrario: al poner “primero a los pobres”, se fortalece el mercado interno, se reactiva el consumo y se impulsa una economía más dinámica y menos dependiente de intereses oligopólicos.
Sin embargo, la cifra histórica no debe ocultar que millones de personas siguen atrapadas en trabajos mal pagados, sin derechos laborales plenos y, en muchos casos, en la informalidad. La tarea de la Cuarta Transformación pasa por consolidar un modelo de desarrollo que combine soberanía económica, política salarial progresiva, inversión pública estratégica y una auténtica política industrial que genere empleos dignos en todo el territorio.
La disputa de fondo es entre dos proyectos: uno que concibe al Estado como simple gestor de los intereses del gran capital y otro que lo asume como garante del bienestar colectivo y la justicia social. En esa encrucijada, la economía moral se presenta no sólo como discurso, sino como un cambio de rumbo medible en indicadores como la pobreza laboral, que hoy registra su nivel más bajo en dos décadas, pero que aún tiene un largo tramo por recorrer para erradicar la precariedad heredada del pasado.
