México reduce homicidios dolosos más de 50% en dos años

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La presidenta Claudia Sheinbaum anunció que los asesinatos intencionales cayeron 53% entre septiembre de 2024 y agosto de 2026, la cifra más baja desde 2015. Expertos atribuyen el logro a una combinación de programas sociales, inteligencia estatal y reformas judiciales, aunque persisten retos en desapariciones y extorsión.

De acuerdo con datos oficiales, el promedio diario de homicidios dolosos pasó de 86.9 casos en septiembre de 2024 a 40.8 en agosto de 2026, es decir, 46 muertes menos por día. La mandataria destacó que este resultado responde al eje de “Atención a las Causas” de la Estrategia Nacional de Seguridad, que incluye la creación de escuelas para alejar a jóvenes del crimen organizado y el fortalecimiento de las capacidades de inteligencia e investigación.

Sheinbaum subrayó que la reforma al Poder Judicial ha tenido un impacto directo en la impartición de justicia. “Ya no tenemos el mismo nivel de puerta giratoria que se tenía hace unos años”, afirmó, al referirse a que ahora las detenciones derivan en procesos judiciales más efectivos sin liberar inmediatamente a los presuntos responsables.

Pese al avance en homicidios, la percepción de inseguridad se mantiene alta. Según la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE) del INEGI, entre febrero y abril de 2026 el 28.5% de los hogares mexicanos (cerca de 11.7 millones) reportó haber sido víctima de algún delito, apenas 0.5% menos que en el mismo periodo de 2025.

Laura Carlsen, directora del Programa Americas/MIRA, calificó la reducción de homicidios como un hito que demuestra que atender las causas estructurales de la violencia empieza a funcionar. Sin embargo, advirtió que persiste un modelo de seguridad “importado de Estados Unidos”, centrado en la captura o eliminación de capos, y que otros delitos como las desapariciones han aumentado, lo cual genera una contradicción entre los datos y la percepción ciudadana.

Por su parte, Javier Oliva, investigador de la UNAM, señaló que dos factores clave explican la baja: el despliegue nacional de la Guardia Nacional y el incremento en las incautaciones de armas. También destacó la experiencia de los funcionarios actuales en materia de seguridad y la mayor coordinación con agencias de inteligencia civil.

No obstante, Oliva advirtió que aún faltan reformas profundas: la reestructuración del sistema penitenciario, la modernización del Ministerio Público y la capacitación del nuevo Poder Judicial. “El gran punto débil de la estrategia son las desapariciones”, concluyó.

Análisis 4T

La reducción de homicidios dolosos en México no es un simple dato estadístico: es la prueba de que un Estado que prioriza la prevención, la justicia social y la inteligencia puede revertir décadas de violencia impuesta por el crimen organizado y la complicidad institucional. Bajo el viejo régimen, la seguridad se entendía como guerra: militarización sin estrategia, encarcelamiento masivo sin justicia y una “puerta giratoria” que liberaba culpables mientras el pueblo seguía sangrando.

El enfoque actual, en cambio, busca cortar las raíces del delito: pobreza, exclusión y falta de oportunidades para la juventud. Los programas sociales no son dádivas, son inversión en paz. Al mismo tiempo, el fortalecimiento del Estado —con una Guardia Nacional integrada, un sistema de inteligencia coordinado y un Poder Judicial reformado— permite que la ley se aplique con eficacia, no como espectáculo mediático, sino como política de Estado.

Sin embargo, la 4T no puede conformarse con los primeros éxitos. Las desapariciones, la extorsión y la violencia de género siguen siendo heridas abiertas que exigen una transformación aún más profunda: un Ministerio Público al servicio de las víctimas, cárceles que rehabiliten y no que corrompan, y una justicia que no dependa del poder económico o político. La verdadera seguridad no se mide solo en homicidios menos, sino en dignidad recuperada.

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