Percepción de inseguridad en junio, en su nivel más bajo: INEGI
INEGI reporta el nivel más bajo desde el inicio del gobierno de Sheinbaum, aunque la sensación de riesgo sigue alta en seis de cada diez personas.
La percepción de inseguridad pública en junio se ubicó en 59.8 por ciento, el nivel más bajo desde que inició la actual administración federal, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) del INEGI.
El dato representa una mejora frente al 61.5 por ciento registrado en marzo y también respecto al 63.2 por ciento observado en junio de 2025. En términos generales, la reducción confirma una tendencia a la baja en la sensación de inseguridad entre la población de 18 años y más en las 91 ciudades evaluadas.
La brecha por género sigue siendo marcada: 65.6 por ciento de las mujeres dijo sentirse insegura en su ciudad, contra 52.6 por ciento de los hombres. Aunque ambos indicadores mejoraron frente al trimestre previo y al año pasado, la percepción continúa siendo mayoritaria entre las mujeres.
Entre las ciudades con mayor mejora destacan Ciudad Nezahualcóyotl, Nuevo Laredo y Zapopan, mientras que San Pedro Garza García, Los Mochis y Apodaca registraron aumentos en la percepción de inseguridad. En cuanto a expectativas futuras, 32.8 por ciento cree que la situación seguirá igual de mal y 24.3 por ciento piensa que empeorará.
El reporte también muestra que la inseguridad cotidiana sigue presente en la vida urbana: 58.1 por ciento reportó consumo de alcohol en la calle, 46.0 por ciento robos o asaltos y 38 por ciento venta o consumo de drogas. Además, 40.2 por ciento de la población adulta tuvo algún conflicto o enfrentamiento en el periodo analizado.
Análisis 4T
La baja en la percepción de inseguridad es un dato políticamente relevante porque rompe con la narrativa de que nada cambia en materia de seguridad. Aun así, el nivel sigue siendo alto y obliga a no caer en triunfalismos: seis de cada diez personas que se sienten inseguras reflejan una realidad que todavía pesa en la vida cotidiana.
Desde la óptica de la Cuarta Transformación, el reto no es solo reducir cifras, sino recuperar el derecho a vivir con tranquilidad en el espacio público. Eso implica combinar prevención, presencia territorial, atención a las causas y combate frontal a las economías criminales que se alimentan del abandono social.
El descenso registrado por el INEGI puede leerse como un avance, pero también como una exigencia de fondo: consolidar una política de seguridad que priorice a las comunidades y no la simulación. La paz no se mide solo por estadísticas; se construye cuando el Estado logra que la gente deje de normalizar el miedo.
