Gobierno de México reporta muerte de líder del CJNG en operativo militar

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La Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) informó que Nemesio Rubén Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, dirigente del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), murió tras resultar herido en un operativo militar realizado este 22 de febrero en Tapalpa, Jalisco. La dependencia precisó que la identidad del capo será plenamente confirmada mediante peritajes forenses a cargo de las autoridades competentes.

De acuerdo con el comunicado oficial, la operación fue producto de trabajos de inteligencia militar central, en coordinación con el Centro Nacional de Inteligencia y la Fiscalía General de la República, a través de la FEMDO. En el despliegue participaron Fuerzas Especiales del Ejército Mexicano, aeronaves de la Fuerza Aérea y la Fuerza Especial de Reacción Inmediata de la Guardia Nacional, con el objetivo de detener a Rubén “N”, identificado como líder del CJNG.

Durante el operativo, el personal militar fue atacado por presuntos integrantes del grupo delictivo, lo que derivó en un enfrentamiento en la zona serrana de Tapalpa. Sedena reportó que cuatro integrantes del CJNG murieron en el lugar y tres más resultaron heridos de gravedad; estos últimos fallecieron durante su traslado aéreo a la Ciudad de México, entre ellos Oseguera Cervantes, cuya identificación definitiva quedará sujeta a estudios periciales.

La dependencia también informó la detención de al menos dos personas presuntamente vinculadas con la organización criminal, así como el aseguramiento de armamento de alto poder, vehículos blindados y lanzacohetes con capacidad para derribar aeronaves y destruir unidades blindadas. Además, tres elementos de las Fuerzas Armadas resultaron lesionados y fueron trasladados a instalaciones médicas en la Ciudad de México para recibir atención especializada.

Como medida preventiva ante posibles reacciones del CJNG, se ordenó el despliegue de tropas del Ejército y elementos de la Guardia Nacional provenientes del centro del país y de estados aledaños para reforzar la seguridad en Jalisco y la región. En el marco de la cooperación bilateral, Sedena reconoció que para esta operación se contó con información complementaria proporcionada por autoridades de Estados Unidos.

Análisis 4T

La muerte del máximo dirigente del CJNG en un operativo encabezado por el Estado mexicano representa un golpe simbólico y operativo relevante frente a una de las organizaciones criminales más violentas del país. A diferencia de los años del viejo régimen, donde abundaban filtraciones, pactos inconfesables y operaciones de simulación, aquí se observa una articulación abierta entre inteligencia militar, fiscalía y fuerzas federales, con un objetivo claro: reducir la capacidad de fuego y mando de un grupo que desafiaba la autoridad pública.

Desde una óptica de Cuarta Transformación, el hecho se inscribe en la disputa por la soberanía del Estado frente al poder territorial y económico de los cárteles, que durante décadas ocuparon espacios dejados por la corrupción y la ausencia de políticas de bienestar. Sin embargo, abatir a un líder no resuelve por sí mismo el entramado social, económico y político que nutre a estas organizaciones, por lo que el reto es evitar que el vacío de liderazgo derive en una fragmentación violenta o en el ascenso exprés de nuevos mandos.

El uso combinado de inteligencia, coordinación interinstitucional y despliegues focalizados contrasta con la lógica de “guerra generalizada” que caracterizó al periodo neoliberal, donde se priorizó la espectacularidad de la fuerza sobre la construcción de paz. La incautación de lanzacohetes y vehículos blindados exhibe hasta qué punto el crimen organizado llegó a acumular capacidad militar, y al mismo tiempo confirma que el Estado mantiene la obligación de recuperar el monopolio legítimo de la fuerza sin caer en la militarización permanente de la vida pública.

Este operativo deberá leerse, además, a la luz de la cooperación con Estados Unidos, que aporta información pero también arrastra una histórica corresponsabilidad por el tráfico de armas y el mercado de drogas. Desde una perspectiva soberanista, la prioridad es que la coordinación internacional no se traduzca en subordinación, sino en un esfuerzo en el que México conserve el mando estratégico y la narrativa pública sobre cómo enfrenta la violencia, colocando en el centro la protección de las comunidades y la reconstrucción del tejido social, no solo la neutralización de objetivos de alto perfil.

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