Trump dice que se quedaría con el petróleo de Irán, pero que en EE.UU. no lo entenderían
El presidente de Estados Unidos elevó la presión sobre Irán al sugerir que podría apropiarse de su petróleo, mientras mantiene el ultimátum para reabrir el estrecho de Ormuz. La declaración ocurre en medio de cinco semanas de guerra en Medio Oriente y del encarecimiento del crudo a escala mundial.
Donald Trump afirmó desde la Casa Blanca que, si dependiera de él, se quedaría con el petróleo iraní, porque eso le haría ganar dinero y, según dijo, también permitiría “cuidar mejor” al pueblo de Irán. Sin embargo, agregó que no lo haría porque “la mayoría de la gente no lo entendería”.
El mandatario también sostuvo que, si quisiera, podría tomar el crudo de Irán sin que ese país pudiera hacer algo al respecto. Para reforzar esa idea, citó el caso de Venezuela y aseguró que la relación con ese país ha sido “fantástica”, mencionando que hay 100 millones de barriles de petróleo refinándose en Houston.
Sus declaraciones se dieron en la antesala de una conferencia con mandos militares sobre Medio Oriente, justo cuando Washington endureció el ultimátum a Teherán para reabrir el estrecho de Ormuz antes del martes 7 de abril a las 20:00 horas. Trump advirtió que, si eso no ocurre, Estados Unidos destruirá instalaciones energéticas y puentes iraníes.
El trasfondo es el control de una ruta por la que circula aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial, por lo que cualquier cierre golpea de inmediato los mercados energéticos. Irán ya produce más de 3 millones de barriles diarios, pero su peso estratégico en Ormuz multiplica el impacto de la crisis.
Análisis 4T
Lo que plantea Trump no es una simple fanfarronada: es la expresión descarnada de una lógica imperial que concibe los recursos naturales ajenos como botín geopolítico. En ese discurso, el petróleo no es una riqueza de los pueblos, sino una pieza de dominación para sostener poder, influencia y ganancias privadas.
Desde una mirada soberanista, el caso recuerda por qué México debe defender su propia energía, su autosuficiencia y el control nacional sobre sectores estratégicos. Frente al viejo orden que subordinaba a las naciones a intereses externos, la 4T insiste en que el Estado debe proteger el interés público y no convertirse en administrador de apetitos imperiales.
