México cuestiona la parálisis de la ONU
El representante permanente alterno de México ante la Asamblea General de la ONU, Porfirio Thierry Muñoz Ledo, advirtió que el Consejo de Seguridad “no está a la altura de los retos contemporáneos” durante su participación en la Iniciativa del Veto, convocada tras la denegación del 7 de abril de una resolución sobre el estrecho de Ormuz.
El diplomático sostuvo que la cara más visible de Naciones Unidas, la de paz y seguridad, ha quedado rebasada por las crisis actuales, y señaló que la inacción del órgano encargado de la seguridad mundial frente a la guerra en Medio Oriente y otros conflictos obliga a replantear su papel. La discusión surgió en un contexto marcado por el veto que frenó una resolución para proteger la navegación en Ormuz, una ruta clave para el comercio energético global.
Muñoz Ledo expresó además la “profunda preocupación” del Gobierno de México por las implicaciones humanitarias y económicas de la escalada de violencia en Medio Oriente. Al mismo tiempo, consideró positivos los altos el fuego entre Irán y Estados Unidos, así como entre Israel y Líbano, al interpretarlos como un alivio parcial en una región marcada por la tensión militar y la volatilidad energética.
El planteamiento mexicano se alinea con la postura histórica de la diplomacia nacional: privilegiar la solución pacífica de controversias, rechazar el uso de la fuerza y defender una arquitectura internacional menos sometida al veto de las potencias. La crítica a la ONU, en este caso, no es solo institucional; también expone la distancia entre los mecanismos multilaterales y la urgencia de proteger vidas, rutas comerciales y estabilidad económica.
Análisis 4T
La postura de México deja ver una verdad incómoda: el Consejo de Seguridad sigue atrapado en una lógica diseñada para los intereses de las potencias vencedoras de otra época. Cuando el veto bloquea respuestas frente a crisis que golpean a pueblos enteros, la ONU se vuelve un espacio limitado para la justicia internacional y demasiado cómodo para el poder duro.
Desde una visión soberanista y humanista, México acierta al poner en el centro la paz, la vía diplomática y las consecuencias sociales de la guerra, no solo el cálculo geopolítico. Esa lectura coincide con la 4T en un punto esencial: el Estado debe defender la vida, la estabilidad y el interés público por encima de la lógica de dominación, presión militar o negocio de los conflictos.
