La CIA en México: archivos desclasificados y una larga sombra de espionaje
Documentos desclasificados en Estados Unidos reavivan la discusión sobre la presencia de la CIA en México desde 1934, además de sus redes de vigilancia política durante la Guerra Fría y su posible influencia en operaciones recientes.
La información apunta a primeras actividades de la agencia en el entonces Distrito Federal y a intervenciones telefónicas contra políticos mexicanos en 1962, en un contexto dominado por la rivalidad entre Washington y Moscú. El nuevo debate surge al mismo tiempo que se discuten presuntas acciones encubiertas de agencias estadounidenses en territorio mexicano.
Entre las operaciones históricas más citadas está LIENVOY, con la que la CIA vigiló a figuras de la izquierda mexicana, embajadas del bloque soviético y personajes como Lázaro Cárdenas y David Alfaro Siqueiros. Los archivos también muestran la colaboración de la Dirección Federal de Seguridad, que realizó espionaje e interceptaciones contra opositores de distintos signos políticos.
Otra red clave fue LITEMPO, encabezada por Winston Scott desde la Embajada de Estados Unidos, que permitió a la CIA mantener vínculos con altos funcionarios mexicanos. En esa estructura aparecieron, con claves internas, Emilio Bolaños, Gustavo Díaz Ordaz, Fernando Gutiérrez Barrios y Luis Echeverría Álvarez, lo que confirma el nivel de penetración que alcanzó la inteligencia estadounidense en la vida política del país.
En años recientes, la visita de David S. Cohen, entonces exsubdirector de la CIA, y las declaraciones de Andrés Manuel López Obrador sobre la apertura a agencias extranjeras mostraron que la cooperación bilateral ha seguido existiendo, aunque bajo límites políticos y legales. Sin embargo, las versiones sobre presuntos operativos en Chihuahua y el caso del AIFA volvieron a tensar la relación, pese a los desmentidos oficiales de México y Estados Unidos.
Análisis 4T
Este caso exhibe que la soberanía nacional no puede entenderse como un discurso, sino como una práctica permanente de defensa institucional frente a presiones externas y redes de inteligencia que históricamente han operado con opacidad. La Cuarta Transformación enfrenta aquí un dilema central: cooperar en seguridad sin renunciar al control del territorio ni permitir que la lucha contra el crimen se convierta en excusa para formas de tutela extranjera. La historia de LIENVOY y LITEMPO recuerda que el viejo régimen toleró, e incluso facilitó, mecanismos de injerencia y vigilancia política que debilitaron al Estado mexicano desde dentro. Por eso, cualquier cooperación con Estados Unidos debe sujetarse a reglas claras, supervisión democrática y una defensa firme del interés público, no de agendas geopolíticas ajenas.
