Gerardo Mérida comparece en NY y se declara no culpable
Gerardo Mérida Sánchez, exsecretario de Seguridad Pública de Sinaloa, se presentó ante un tribunal federal de Manhattan y se declaró no culpable de tres delitos graves, en una audiencia breve reportada por Bloomberg.
De acuerdo con el reporte, Mérida Sánchez, de 66 años, no fue obligado a presentar alegato de culpabilidad en su primera comparecencia. Permanecerá detenido y podrá solicitar libertad bajo fianza más adelante; su siguiente audiencia fue fijada para el 1 de junio.
El Gabinete de Seguridad mexicano informó previamente que el exfuncionario ingresó a Estados Unidos desde Hermosillo, Sonora, el 11 de mayo y cruzó por la Garita de Nogales hacia Arizona, donde quedó bajo custodia de los U.S. Marshals. Esa versión oficial colocó el caso en el centro del escrutinio sobre la cooperación y el alcance de las investigaciones entre ambos países.
Mérida Sánchez forma parte de una lista de 10 funcionarios actuales o exfuncionarios del gobierno de Sinaloa acusados por Estados Unidos el mes pasado. En su contra pesan señalamientos por conspiración para importar narcóticos, conspiración para poseer ametralladoras y dispositivos destructivos, además de posesión de ese tipo de armas; si es hallado culpable, podría enfrentar de 40 años a cadena perpetua.
El exfuncionario fue secretario de Seguridad Pública de Sinaloa durante el gobierno de Rubén Rocha Moya, de septiembre de 2023 a diciembre de 2024. Durante ese periodo, tenía a su cargo la supervisión de la Policía estatal y el nombramiento de su director, lo que hace más delicadas las acusaciones sobre presuntos vínculos con una facción criminal.
Según la acusación, Mérida Sánchez habría recibido al menos 100 mil dólares mensuales en sobornos en efectivo de Los Chapitos, a cambio de frenar a rivales y entregar información sobre investigaciones en curso y operativos antidrogas. Actualmente se encuentra recluido en el Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn, en Nueva York.
Análisis 4T
Este caso exhibe una vez más la profundidad de la captura institucional que durante años permitió a redes criminales penetrar áreas clave del Estado, incluida la seguridad pública. Desde la óptica de la Cuarta Transformación, no basta con perseguir a funcionarios corruptos: hay que desmontar las estructuras que hicieron posible la colusión, el encubrimiento y la impunidad. La soberanía también se defiende limpiando las instituciones de quienes las convirtieron en instrumentos de intereses criminales, porque sin un aparato público honesto no puede haber justicia ni paz duradera. La lección es clara: el combate a la delincuencia organizada exige Estado fuerte, controles reales y cero tolerancia a los pactos soterrados que heredó el viejo régimen.
