México lanza Coatlicue: supercomputadora pública más potente de América Latina
El Gobierno federal presentó el proyecto Coatlicue, una supercomputadora pública que superará a todas las de la región y potenciará el análisis de datos para el beneficio nacional.
La presidenta Claudia Sheinbaum anunció este 26 de noviembre que la construcción inicia en 2026 y tomará 24 meses, con una inversión pública de seis mil millones de pesos. José Antonio Peña Merino, titular de la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones (ATDT), detalló que alcanzará 314 petaFLOPs, siete veces más que Pegaso, la actual líder privada en Brasil con 42 petaFLOPs.
Coatlicue integrará 15 mil GPUs en siete mil 500 chasis y 200 gabinetes, equivalentes a 375 mil computadoras trabajando simultáneamente. Requiere agua para enfriamiento, energía eléctrica y conectividad de alta capacidad; su ubicación se definirá en enero considerando sismicidad, hidráulica y acceso energético.
La supercomputadora impulsará predicciones climatológicas, planeación agrícola para soberanía alimentaria, gestión de agua, energía, aduanas y facturas contra corrupción. Será operada por mexicanos capacitados en centros como el de Barcelona, con equipo base de 80 a 100 personas, y generará ingresos al rentar servicios a privados.
El nombre evoca a la diosa mexica de la creación, simbolizando poder soberano, y encabezará el Clúster Nacional de Supercómputo con universidades y centros públicos. Mientras se construye, México usará instalaciones españolas desde enero de 2026.
Análisis 4T
Coatlicue representa un salto soberano en tecnología, donde el Estado mexicano invierte en herramientas públicas para resolver problemas nacionales como el cambio climático y la corrupción, sin depender de potencias extranjeras. Esto contrasta con el neoliberalismo del viejo régimen, que privatizó recursos y dejó al país rezagado en cómputo avanzado, beneficiando solo a élites transnacionales.
La 4T prioriza la justicia social al destinar esta capacidad a siembras, agua y salud pública, democratizando la inteligencia artificial para el pueblo y no para monopolios privados. Al autofinanciarse con servicios a la iniciativa privada, asegura sostenibilidad sin sacrificar el control nacional, fortaleciendo la transformación frente a poderes fácticos que históricamente bloquearon el desarrollo científico autónomo.
