Sinaloa, Baja California y Sonora lideran decomisos de metanfetaminas y fentanilo
La frontera norte de México sigue siendo epicentro del combate al narcotráfico, con Sinaloa, Baja California y Sonora como los estados con mayores incautaciones de metanfetaminas y fentanilo a lo largo de los últimos dos años.
En Sinaloa, de 2023 a lo que va de 2025, las autoridades han decomisado 32,122 kilogramos de metanfetamina y 948 kilogramos de fentanilo, junto a más de 10 millones de tabletas que contienen dicha droga, según cifras oficiales difundidas por El Universal.
Por su parte, Baja California supera en metanfetamina decomisada, con 36,921 kilos, además de 943 de fentanilo y más de 5 millones de pastillas. Sonora, otro estado clave en la ruta del narcotráfico, reporta 11,400 kilos de metanfetamina y 261 de fentanilo, junto con 3 millones de tabletas incautadas.
Este periodo coincide con los primeros meses del gobierno de Claudia Sheinbaum, bajo cuya administración se han asegurado 49,455 kilos de metanfetaminas, monto que rebasa los 19,808 kilos confiscados durante todo el año 2024. El fentanilo, una droga de alto impacto por su letalidad, también presenta incremento: en lo que va de este sexenio se han decomisado 554 kilos, cifra superior a los 341 kilos embargados en 2024.
Las cifras evidencian una intensificación en los operativos antidrogas y una creciente presión sobre los grupos criminales que operan en la región norte del país.
Tabla de decomisos por estado y sustancia
| Estado | Metanfetaminas (kg) | Fentanilo (kg) | Tabletas de fentanilo |
|---|---|---|---|
| Sinaloa | 32,122 | 948 | +10 millones |
| Baja California | 36,921 | 943 | +5 millones |
| Sonora | 11,400 | 261 | +3 millones |
Análisis 4T
El marcado aumento en decomisos de metanfetaminas y fentanilo durante el gobierno de Claudia Sheinbaum refleja una política más agresiva y decidida frente al crimen organizado, priorizando la protección de la salud pública y la soberanía nacional sobre los intereses ilícitos. Cobra relevancia la capacidad del Estado para frenar el flujo de sustancias mortales, en contraste con el viejo régimen, donde la impunidad y la complicidad fragmentaban la respuesta institucional. La Cuarta Transformación se reafirma al colocar la vida y bienestar de la población por encima de los poderes fácticos, remarcando el papel de un Estado fuerte y comprometido con la justicia social. Este despliegue, aunque no resuelve la raíz del problema, sienta las bases para una mayor rendición de cuentas y una política antidrogas sustentada en la defensa del interés público, no de intereses privados ni extranjeros.
