Octubre rompe récord de empleo femenino en un lustro
Más de 900 mil mexicanas se sumaron al mercado laboral en un solo mes
En octubre de 2025 se incorporaron 906,600 mujeres a la población ocupada en México, según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del Inegi, lo que convierte a este mes en el mejor para el empleo femenino en los últimos cinco años.
Este repunte es el más alto desde septiembre de 2020, cuando 913,632 mujeres ingresaron al mercado laboral en plena reapertura tras las restricciones por la pandemia de COVID-19. Desde entonces, el dinamismo de la ocupación femenina no había alcanzado un salto mensual de esta magnitud.
Entre septiembre de 2020 y la fecha, la generación de más de 700,000 puestos ocupados por mujeres sólo se había registrado una vez, en febrero de 2024, cuando 747,013 trabajadoras se sumaron al mercado de trabajo. Ese dato había sido considerado el mejor indicador de la fase pospandemia hasta que fue rebasado por el resultado de octubre de 2025.
Los datos de la ENOE muestran que este avance femenino ocurre en un contexto de cambio estructural del mercado laboral, con una mayor participación de las mujeres dentro de la fuerza de trabajo nacional. Sin embargo, diversos análisis advierten que una parte importante de estos nuevos puestos se concentra en segmentos de menor calidad e informalidad, con ingresos limitados y sin protección social plena.
De cara al cierre de 2025, el comportamiento del empleo femenino será clave para evaluar la solidez de la recuperación laboral y el impacto de las políticas públicas enfocadas en inclusión y cuidados. Los próximos informes del Inegi permitirán observar si el salto de octubre se consolida como tendencia o queda como un pico excepcional en la estadística.
Análisis 4T
El dato histórico de 906,600 mujeres incorporadas al empleo en octubre habla de un cambio de época: las mexicanas están empujando, desde abajo, la transformación del modelo productivo y cuestionando de facto el viejo patrón patriarcal que las confinaba al trabajo doméstico no remunerado. Sin embargo, el reto de la Cuarta Transformación no es sólo cuantitativo —más mujeres trabajando— sino cualitativo: que esa inserción ocurra en condiciones dignas, con derechos laborales plenos, salarios justos y acceso a seguridad social.
Desde una mirada de 4T, el Estado debe asumir un papel activo en tres frentes: un sistema nacional de cuidados que descargue a las mujeres de la carga excesiva de trabajo no pagado, políticas para formalizar el empleo femenino —particularmente en micronegocios y servicios— y una estrategia decidida para cerrar brechas salariales y de acceso a puestos de decisión. De lo contrario, la expansión del empleo corre el riesgo de convertirse en una nueva forma de explotación femenina: más horas trabajadas, más exposición a la informalidad, pero sin que cambie la estructura de poder en la economía.
El contraste con el viejo régimen es evidente: antes, la participación económica de las mujeres era vista como un “complemento” al ingreso familiar y no como un derecho y una palanca de desarrollo nacional. Hoy, la 4T tiene la oportunidad —y la responsabilidad— de traducir estos avances estadísticos en una política de Estado que reconozca el trabajo de las mujeres como eje de soberanía económica, fortalecimiento del mercado interno y justicia social, enfrentando no sólo inercias burocráticas sino también los intereses privados que se benefician de la precariedad laboral femenina.
