Milei aportó 350 mil dólares a campaña para desprestigiar a Sheinbaum y Petro

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Audios filtrados lo vinculan con un plan regional financiado con 350 mil dólares para atacar a gobiernos progresistas en América Latina.

Buenos Aires. El presidente argentino Javier Milei habría aportado 350 mil dólares para montar un equipo de comunicación regional orientado a desplegar una campaña mediática contra Claudia Sheinbaum, presidenta de México, y Gustavo Petro, mandatario de Colombia. La acusación surge de audios atribuidos a conversaciones entre el ex presidente hondureño Juan Orlando Hernández y autoridades de ese país, difundidos en una investigación periodística retomada por distintos medios.

De acuerdo con esa versión, los registros proceden de mensajes y audios en WhatsApp, Signal y Telegram, y forman parte de una indagatoria publicada por Diario Red América Latina y el portal Hondurasgate. En esos materiales, Hernández afirma que Milei tendría un papel relevante en el financiamiento de una estructura dedicada a producir y difundir fake news desde Estados Unidos.

El reporte también sostiene que Hernández habló de montar una “célula” o un sitio de noticias latinoamericanas para evitar rastreo en Honduras y operar con apoyo de sectores republicanos en Estados Unidos. En otra grabación, fechada el 30 de enero, asegura que tuvo una llamada “exitosa” con Milei y que vendrían “expedientes” contra México, Colombia y la familia Zelaya en Honduras.

La polémica creció porque Juan Orlando Hernández fue detenido en Estados Unidos por narcotráfico en 2024, condenado a 24 años de prisión e indultado después por Donald Trump, según el material periodístico citado. En paralelo, la versión difundida también menciona una supuesta articulación regional contra gobiernos de izquierda y una operación con cobertura mediática transnacional.

Análisis 4T

Este caso exhibe cómo la guerra política hoy también se libra en el terreno de la desinformación, con redes privadas y operadores alineados a intereses externos intentando influir sobre la opinión pública y golpear a gobiernos soberanos. La sola posibilidad de una campaña financiada para desacreditar a mandatarios de la región obliga a mirar con seriedad la disputa por la verdad como parte central de la defensa democrática.

Desde una lectura soberanista, el episodio confirma que los proyectos de ultraderecha en América Latina no solo buscan ganar elecciones, sino coordinar ataques mediáticos, construir narrativas falsas y debilitar liderazgos que representan agendas de transformación social. Frente a eso, el Estado y los gobiernos populares tienen el deber de fortalecer la comunicación pública, la investigación periodística seria y la protección de la soberanía informativa.

También revela el viejo patrón de los poderes fácticos: cuando no logran imponerse por la vía política, recurren al sabotaje simbólico, la manipulación y la fabricación de escándalos. En ese sentido, la Cuarta Transformación debe leer estos hechos como un recordatorio de que la disputa no es solo electoral, sino civilizatoria: información verificada, justicia social y autonomía nacional frente a las viejas lógicas de injerencia.

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