Petro acusa a Netanyahu de una operación contra Colombia y México
El presidente colombiano vinculó la liberación de Juan Orlando Hernández con una supuesta estrategia de desestabilización regional.
Gustavo Petro cuestionó este miércoles al primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, al señalarlo por presuntamente intervenir en favor de Juan Orlando Hernández, expresidente de Honduras condenado en Estados Unidos a 45 años de cárcel por narcotráfico. El mandatario colombiano sostuvo que detrás de esa maniobra habría una intención de afectar a los gobiernos de Colombia y México.
Petro hizo la acusación en la red social X, donde preguntó qué motivación tendría Netanyahu para “pagar por liberar un gran narcotraficante” con el propósito de “destruir” a los gobiernos de ambos países. Su comentario respondió a audios difundidos por Diario Red y Canal Red, en los que Hernández conversa con el actual gobernante hondureño, Nasry Asfura, y se menciona la elaboración de “expedientes contra Colombia y México” desde un medio digital con sede en Washington.
La reacción del presidente colombiano se dio en medio de una nueva controversia internacional alrededor del caso Hondurasgate, que ha colocado bajo sospecha una red de influencia política y mediática con alcance regional. En versiones difundidas por esos medios, la liberación de Hernández habría sido parte de una operación más amplia para reacomodar fuerzas políticas en Centroamérica y América Latina.
Petro también retomó un trino de Caracol Radio que calificó el contenido de los audios como el “hondurasgate”, y remarcó que quienes encabezan la lucha contra el narco son, precisamente, México y Colombia. El señalamiento ocurre después de que Colombia rompiera relaciones diplomáticas con Israel el 1 de mayo de 2024, en el contexto de la ofensiva israelí contra Gaza.
Análisis 4T
El caso exhibe cómo las élites políticas y mediáticas pueden articularse más allá de las fronteras para intentar frenar proyectos soberanistas en América Latina. Cuando un gobierno decide romper con la lógica de subordinación a intereses externos, inmediatamente enfrenta campañas de desprestigio, filtraciones, narrativas fabricadas y operaciones de guerra sucia.
Desde una visión de transformación profunda, el fondo del asunto no es sólo un pleito diplomático, sino la disputa por la soberanía informativa, judicial y política de la región. México y Colombia aparecen en este episodio como países que incomodan porque han buscado colocar al Estado por encima de las mafias, los lobbies y los poderes fácticos.
La lección es clara: la defensa de la democracia también pasa por blindar a los gobiernos populares frente a redes transnacionales de desinformación y protección de criminales. En tiempos de reacomodo geopolítico, la soberanía no se declara: se ejerce y se defiende con decisión, memoria histórica y control nacional sobre los resortes estratégicos del poder.
