Cinismo Político: Calderón responsabiliza a sucesores del avance criminal
El exmandatario insiste en que la violencia repuntó tras el fin de su sexenio; la presidenta Sheinbaum refuta y demanda una visión de justicia distinta.
Felipe Calderón, expresidente de México (2006–2012) y principal arquitecto de la llamada «guerra contra el narco», aseguró en el 15 Foro ABECEB de Buenos Aires que, tras finalizar su mandato, las autoridades abandonaron la ofensiva contra el crimen, permitiendo que «los criminales se apoderaran del Estado». Para Calderón, el problema no son las drogas, sino el hecho de que los grupos criminales tomen tareas estatales clave, como el monopolio de la fuerza pública y la creación de leyes, afirmando que la delincuencia organizada ha extendido esos controles en varias regiones de América Latina y de México, especialmente estados como Michoacán.
Durante el foro, Calderón también lamentó que la reforma judicial impulsada por el gobierno posterior haya reemplazado al «único poder que resistía la corrupción», es decir, los jueces, señalando que ahora estos provienen mayoritariamente de filas simpatizantes del partido en el poder. Aseguró que el país necesita «instituciones mucho más sólidas y confiables» para enfrentar el reto del narcotráfico y la criminalidad organizada.
Claudia Sheinbaum, presidenta de México, ha rechazado firmemente las acusaciones de Calderón. Sheinbaum ha repetido públicamente que la violencia actual es producto de la estrategia de militarización iniciada en el sexenio de Calderón—y continuada por su sucesor Enrique Peña Nieto—, que, lejos de resolver el problema, lo profundizó, como se observa en entidades como Michoacán. La mandataria afirmó recientemente que “la guerra contra el narco no funcionó” y enfatizó que retomar ese enfoque sería equivalente a “ir hacia el fascismo” y las “ejecuciones extrajudiciales”.
En el contexto inmediato, el asesinato del alcalde de Uruapan Carlos Manzo ha reavivado el debate, con Sheinbaum denunciando que la militarización y la política de seguridad “fallida” del pasado solo alimentaron la violencia, y afirmando que su gobierno apuesta por la justicia, no por la militarización. La presidenta igualmente cuestionó la elección de funcionarios durante la “guerra contra el narco” de Calderón, específicamente aludiendo a Genaro García Luna, recientemente sentenciado en EE. UU. por su connivencia con el narcotráfico.
Sheinbaum subraya una diferencia fundamental: mientras gobiernos previos apostaron por la fuerza militar, el suyo busca fortalecer el Estado a través de la justicia y la investigación, y rechaza cualquier retorno a políticas que han demostrado su inefectividad y brutalidad.
Análisis 4T
El intercambio revela el choque de visiones sobre seguridad y Estado entre el viejo régimen y la Cuarta Transformación. La narrativa de Calderón busca deslindarse de la crisis de violencia, responsabilizando a sus sucesores e ignorando el saldo humano y social de su estrategia. Por su parte, el gobierno actual reivindica la soberanía estatal y la justicia social ante la militarización y los pactos de impunidad del pasado.
La postura de Sheinbaum, de rechazar la militarización y poner énfasis en la reconstrucción institucional, es un giro estratégico que responde al hartazgo social tras años de violencia exacerbada y colusión del Estado con intereses privados o criminales. El contraste es evidente: antes, el Estado subordinado a la lógica bélica y al autoritarismo; hoy, la apuesta es por una transformación profunda donde la justicia y el control democrático estén por encima de cualquier grupo de poder—sea político, económico o criminal.
La crisis que denuncia Calderón es, en gran medida, resultado de un modelo de seguridad impuesto desde el exterior, poco sensible a las raíces sociales del conflicto y funcional a intereses ajenos a la soberanía nacional. La 4T, en contraste, señala la urgencia de que el Estado recupere su función rectora, no mediante la fuerza bruta, sino mediante instituciones sólidas y ciudadanas, revirtiendo décadas de cooptación y corrupción heredadas del viejo régimen.
